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Fecha
Septiembre / Octubre 2018 - Nro 90 -Año XVIII
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Acerca de la (in)Consciencia en Radiología

A raíz de una reciente experiencia personal me puse a reflexionar acerca del nivel actual de prevención en Medicina con respecto al individuo o persona. Se habla todo el tiempo de “prevenir”, pero ¿realmente se acciona en todos los ámbitos en forma preventiva?

Partamos de lo que significa “prevenir”: es anticipar un posible daño modificando una acción determinada para que el daño ya no se produzca. Ej. si quiero prevenirme de enfermar en invierno por tomar frío, la acción más correcta y sencilla será abrigarme, además de nutrirme adecuadamente para que mi sistema inmunológico funcione en forma óptima.

Para que una acción sea realmente preventiva no solo debe evitar un daño sino que NO debe causar otros daños diferentes del que se quiere prevenir ni tampoco agravar la situación presente. Esto es aplicable a infinitas áreas de la vida, no solo a la Medicina.

Hoy voy a referirme específicamente a la prevención del cáncer desencadenado por exceso de radiaciones, específicamente de Rayos X como los que uno recibe cada vez que se realiza una radiografía o tomografía.

Los Rayos X alteran el sistema inmunológico y pueden dañar la reproducción celular, por lo tanto son potencialmente cancerígenos. Una vez recibido el impacto de los rayos en el cuerpo tenemos una chance muy baja de eliminarlos espontáneamente, si bien hay algunos remedios homeopáticos que podrían ayudar en este proceso pero es muy bajo el porcentaje de la población que decide atenderse con Homeopatía.

Por lo tanto, al no poder eliminarlos del organismo LOS RAYOS X SON ACUMULATIVOS DURANTE TODA LA VIDA DE LA PERSONA. Ante esta realidad los profesionales de la Medicina, si realmente deseamos hacer prevención, deberíamos solicitar la menor cantidad de estudios radiológicos posible, o sea solo aquellos estudios imprescindibles para tomar una decisión importante en la vida del paciente y no deberíamos hacer chequeos radiológicos “por las dudas”. Ejemplo de esto son las radiografías que se piden en los ingresos laborales y en algunas entidades deportivas año a año en niños y adultos sin ninguna necesidad. También observo un abuso en el pedido de espinogramas (radiografía de toda la columna que implica una elevada radiación) en niños que no presentan escoliosis importantes que las justifiquen o en niños que tienen una columna vertebral normal al examen físico. Otro abuso de radiación es la famosa mamografía que se hace todos los años ¡paradójicamente para prevenir el cáncer de mama! ¿Cómo sabemos si esa mama que ha sido irradiada terriblemente todos los años no desarrolla un cáncer justamente a causa de esta radiación? El autoexamen mamario y el que realice el ginecólogo, sumado a una ecografía mamaria debería ser suficiente además de otro tipo de medidas preventivas alimentarias y psico-biológicas que no es posible desarrollar en este artículo. (Hace muchos años tuve la desgracia de perder a una amiga muy querida quien a causa de haber recibido más de 40 radiografías de tórax por una escoliosis grave, desarrolló un cáncer de mama bilateral fulminante).

¿Acaso alguna vez su médico al indicarle una radiografía o tomografía le ha preguntado cuántas radiografías se ha hecho en su vida? Los técnicos radiólogos usan un detector de radiación en su guardapolvo justamente para medir a cuánta radiación están expuestos a lo largo de sus años de trabajo. Al llegar a un determinado valor considerado peligroso, se debe retirar de su actividad. ¡Y eso que el técnico no está presente en la sala en el momento en que se disparan los rayos para hacer una placa! El técnico radiólogo opera el disparo del radiógrafo desde detrás de una pared protegida con plomo para evitar justamente la exposición. ¡Sin embargo, acumula radiación en su cuerpo porque por más modernos que sean los equipos de Rayos la radiación se expande a toda la habitación! ¿Qué decir entonces de la persona a la que le están sacando la radiografía, quien recibe el disparo de todos los rayos en forma directa?

Esto es válido para TODAS las radiografías, aún las dentales de las que se abusa, especialmente en los niños con las famosas radiografías panorámicas frecuentes porque tienen los dientes torcidos. Llama la atención la incidencia de trastornos funcionales y cáncer de tiroides que podrían estar relacionados en gran parte con que la tiroides es irradiada en forma directa en cada radiografía dental.

Una vez que sabemos que no tenemos más remedio que hacernos una radiografía es muy importante llevar a cabo las acciones necesarias para que dicho estudio nos afecte lo menos posible, o sea que nos irradiemos lo menos posible.

ACCIONES PREVENTIVAS:

  1. No indicar una tomografía si en la mayoría de los casos una simple radiografía es suficiente para lo que se quiere diagnosticar.
  2. Cuestionar al médico del porqué de su indicación para asegurarse de que es realmente imprescindible efectuar la radiografía.
  3. Considerar el número de radiografías ya efectuadas en la vida y las que se podría llegar a necesitar, por ejemplo en el caso de pacientes con patologías que requieran frecuente exposición a la radiación (ej. enfermos cardíacos que se hacen cateterismo frecuente, controles de cáncer de colon que se hacen a través de radiografías, etc.)
  4. No entrar a la sala con la persona que se hará la radiografía a menos que se trate de un niño pequeño y en este caso pedir protección.
  5. ¡Exigir protección! o sea un delantal de plomo y un protector de cuello para la tiroides que cubran todas las áreas que no deban irradiarse. Desde ya que en una radiografía de tórax lamentablemente no se podrán proteger las mamas por ejemplo, pero sí se puede proteger la cabeza y el abdomen, preservando así la zona genital y el abdomen.
  6. Cuidar la alimentación: un régimen alcalinizante disminuye la presencia de radicales libres cancerígenos liberados por los rayos X. Tomar abundante agua con limón exprimido también es una buena sugerencia paliativa.

Este artículo está inspirado en una experiencia personal reciente: a raíz de una lesión deportiva tuve que hacerme una radiografía de rodillas. Afortunadamente hace muchos años que no he necesitado recurrir a radiografías de ninguna clase. Ingreso en la sala y el técnico radiólogo me recibe amigablemente con su detector de radiación prendido a su guardapolvo y SIN delantal de plomo. Al pedirle protección para mí se encoge de hombros y me dice: ”¿para qué?” Le explico pacientemente que no deseo irradiar otras partes de mi cuerpo que no sean mis rodillas y me contesta “va a estar incómoda” pero logro que me cubra todo el cuerpo excepto las rodillas con el famoso delantal que, si bien es pesado, previene que me irradie en exceso.

Desde la Homeopatía podemos ayudar con algunos medicamentos específicos a eliminar el exceso de radiación del cuerpo, pero lo ideal es siempre evitar toda exposición a los Rx que no sea imprescindible para determinar un diagnóstico o un tratamiento. La tecnología nos ha traído precisión diagnóstica y a la vez nos ha quitado el aporte de la semiología clínica: el examen físico minucioso de un paciente en la mayoría de los casos nos da suficiente información, pero hacer un examen físico y un interrogatorio detallados lleva más tiempo que hacer una orden para una radiografía. Y lo que falta en nuestra época es justamente el tiempo.

Como corolario, creo que el paciente muchas veces es una víctima del sistema médico por falta de información que su médico y el mismo técnico radiólogo deberían proveerle, ya que una radiografía no es solo una “foto” como se les dice a los niños. Por lo tanto los invito a que exijan prevención y protección y no duden al momento de pedir un delantal de plomo tanto para ustedes como para sus hijos.

Dra. Liliana Szabó
Médica Pediatra y Homeópata

A.M.H.A.