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Fecha
Mayo / Junio 2018 - Nro 88 -Año XVIII
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Un Encuentro Profundo

La primera consulta con el paciente, tiene algo en común a todas las entrevistas médicas, es la ansiedad que trae el que consulta, tanto por contarnos o mostrarnos los síntomas y no olvidarse de ninguno (a veces saca un papelito con la lista), asomando una mirada esperanzadora a medida que avanza en el relato, o tal vez, también, revolviéndose en la silla cada tanto, como hablando con todo su ser de aquello que lo hace sufrir, expectante de la mirada del médico o del movimiento ocasional de asentimiento que éste hace con su cabeza, y simultáneamente, en los escasos y breves altos que hace en su relato, preguntándose si ese médico, que fue elegido entre todos los recomendados, estará atento al énfasis puesto en las características y en el tono sufriente de ese síntoma en especial, que finalmente lo decidiera a este encuentro…

Del otro lado del escritorio, frente al paciente, el médico, escuchando con atención su relato, mira atentamente a este desconocido, quien con sus palabras y sus gestos reclama una ayuda médica, casi mágica e inmediata, puesta en la acción del medicamento, el cual espera que a la mayor brevedad dará fin a sus padecimientos; con frecuencia rompe a llorar, confirmando así ,con sus lágrimas, la impotencia y dolor que vive al no poder resolver la situación, a veces extendida por años, a pesar de los intentos hechos hasta ahora y que se han convertido en un obstáculo insalvable e insufrible para su vida…El médico tratará de explicar que para que la comprensión del relato sea mejor, es indispensable, abarcará desde los primeros recuerdos que marcaron su vida y que están grabados en su memoria hasta la actualidad (historia biopatográfica) y de las vivencias que surjan del modo que sufrió lo narrado, se irá conformando un particular estilo en el sentir y reaccionar; todo volcado al papel en forma textual por el médico.

Al finalizar la historia, una vez hecha la lectura y comprensión de la misma, el profesional buscará el medicamento que se parezca más (ley de la semejanza) a los síntomas que caracterizan el sufrimiento profundo del paciente y que históricamente tiñen y condicionan su vida ya que al enfermar se estableció un nuevo orden que reemplaza al anterior estado de salud relativa. Se altera así la totalidad del mismo, es decir que en ese nuevo orden dado por la patología participa el cuerpo, la mente y su espíritu, ya que ningún órgano funciona divorciado del otro (Dr. Paschero) y de esa totalidad habrá un emergente que puede ser el o los motivos por los que consulta nuestro paciente (ardor de estómago, cefaleas, insomnio, mareos etc.).

Por lo tanto, la homeopatía trata de curar enfocando al paciente en su totalidad, no al síntoma exclusivamente. En la medida que el enfermo, si recibió el remedio correcto, comienza a experimentar una sensación mental de mejoría, ésta se acompañará luego, del paulatino apagamiento del motivo de su consulta.

No es extraño que nos visiten pacientes manifestando -vengo a verlo porque usted doctor curó a mi hermano de ese terrible dolor de cabeza que lo atormentó por años…

El paciente tiene que saber que por más que se parezcan los síntomas, la diferencia está en que quien lo padece, es OTRA persona, única e irrepetible (diferente en el sentir, el sufrir, el actuar, el transpirar etc.) y todo aquello lo convierte en una totalidad indivisible, psicofísica, que va surgiendo del relato y que abarca todos los hechos trascendentes por él vividos, que dejaron un recuerdo, una experiencia que van condicionando una actitud que va conformando la imagen de un medicamento, que es el más parecido a esta historia de vida ( SIMILLIMUN) y que pondrá en marcha la ley de curación.

En el 2015 me visita Andrés, de 11 años, acompañado de su mamá. El motivo de la consulta son episodios repetidos y repentinos de ahogos, dolor en el pecho, endurecimiento de sus piernas, temblores, llanto sin motivo aparente y finalmente caída al suelo. Ocurre tanto en su casa como en la calle y en el colegio. Todos los estudios que le hicieron no revelan ninguna patología. Le recomiendan tratamiento psicológico y psiquiátrico, pero no hubo cambios.

Me cuenta que a su padre biológico, que vive con su pareja en Salta, lo ha visto sólo dos veces. Este invocando sus derechos, exige que Andrés pase sus vacaciones con él en Salta, cosa que finalmente ocurre. Relata que la pasó muy mal, le impedían hablar por teléfono con su madre, diciéndole que ella era una mala persona, y que no iban a permitir que regrese, esto agregado al mal trato que recibía de la mujer de su padre. Al cabo de cincuenta días Andrés, regresa a su casa de Santa Fe reencontrándose con su madre y con los síntomas relatados más arriba, que nunca los había padecido y que comienzan a manifestarse poco después…Otro episodio notable, que lo relata con angustia es que en otra ocasión al ir al cine, se desencuentra con su madre a la salida por un largo rato y lo aterró pensar que ella lo había abandonado, situación que terminó en un llanto desesperado.

Tuve en cuenta los siguientes síntomas para dar el medicamento: trastornos por temor; a ser abandonado; meticuloso; baila; deseo de pan; aversión a la leche.

Fue medicado con Carcinosinum 18 LM; debiendo tomar 2 gotas 3 veces por día.

La mejoría fue pronta y rápida; recibió a lo largo del tiempo el mismo medicamento a potencias crecientes. Los síntomas se fueron apagando hasta desaparecer, comenzando con los mentales. Lo veo una vez por año, disfruta de sus amigos y del colegio manifestándose como buen alumno.

Arturo Trentin