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Fecha
Mayo / Junio 2018 - Nro 88 -Año XVIII
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Pequeños Tiranos

Se observa a diario que a los niños pequeños solo les basta con señalar o decir una palabra para que los padres rápidamente le alcancen lo que quiere o actúen como el niño desea. Al comienzo, cuando un lactante de 6 meses señala algo que desea se lo festeja con alegría ya que el niño se está comunicando; ahora es capaz de señalar con precisión en lugar de llorar y dejar a los padres desolados porque no entienden lo que le pasa. Esto es parte del desarrollo normal.

A medida que el niño va adquiriendo un vocabulario básico además de señalar el objeto es capaz de nombrarlo. Ahora cada vez es más fácil la convivencia ya que está clarísima su necesidad o deseo. Esto también es normal.

Sin embargo, aún en esta etapa inicial, ya se puede diferenciar al niño que pide del niño que ordena: su gesto, la tensión de su dedito al señalar, el rápido enojo si no se satisface su pedido inmediatamente, la insistencia tenaz, el tono imperativo.

¿Es saludable que los padres obedezcan automáticamente las órdenes de su pequeño?

Y digo automáticamente ¡porque los padres y madres no tienen conciencia de que lo están haciendo! Los niños han crecido, ya tienen un lenguaje completo y sin embargo se expresan de este modo: “¡Pan!” o “¡Quiero salir!” o “¡Andate!” etcétera y sus progenitores, atrapados en el agotamiento de su vorágine cotidiana, obedecen.

En algunos casos la forma imperativa es copiada de los adultos que rodean al niño, pero muchas veces es simplemente una prolongación del estado de lactante que demanda por carecer aún de lenguaje verbal. Se ha hecho hábito que los padres respondan a la más mínima demanda con tal de que el niño no proteste y los deje concentrarse tranquilos en sus tareas.

Educar a un niño es un TRABAJO: hay que tomarse tiempo para observar, detenerse y guiarlo en el camino más saludable para favorecer su futura integración social.

Ni siquiera es imprescindible obligar al niño a pedir “por favor”. Bastaría con que cambie su tono imperativo “¡quiero agua!” por un dulce “¿me das agua?”.

Si desde pequeño el niño aprende a ser amable, será un adulto amable y generará amabilidad a su alrededor.

Muchas veces me pregunto cómo hemos llegado a esta sociedad en la que muchos jóvenes eligen la violencia para relacionarse, la violencia en los juegos y en las películas y desprecian la gentileza, la afabilidad, el intercambio amigable y respetuoso.

¿Por qué no imaginar que el adolescente de mañana se nutre de lo que aprendió el niño de hoy? Y si el niño de hoy se acostumbra a hablar a sus padres en forma imperativa logrando que lo atiendan, aprende que ésta es la forma correcta de conseguir algo en este mundo y va a trasladar esta modalidad a todos sus ámbitos de relación pretendiendo que todos lo sirvan.

Esto debe tener algo que ver con la bajísima tolerancia a la frustración de los niños de hoy: todo debe ser YA y como ellos quieren. El “otro” no existe, lo único importante es el deseo del “yo”.

La Homeopatía Pediátrica ayuda mucho a niños que necesitan imponerse a través de la violencia pero el remedio homeopático solo no alcanza: hay que acompañarlo de una re-educación activa en casa. Que las órdenes ya no tengan una respuesta efectiva, que ya no sirvan más y sean reemplazadas por los pedidos.

Un pedido considera al otro como persona con voluntad de decir “sí” o “no”. En cambio una orden solo reconoce un “sí” como respuesta. Por lo tanto un niño que está acostumbrado a dar órdenes tendrá una gran intolerancia a que lo contradigan, a que le nieguen lo que quiere y se defenderá de la frustración mediante un berrinche.

Si miramos bien, un berrinche no nace en el momento del berrinche sino en una historia previa de complacencias. En algún momento anterior había que decir que “no” y no se dijo.

Hay padres y madres con dificultad para reeducar el imperativismo de sus hijos, ya sea porque están muy cansados o porque tienen un carácter temeroso del conflicto. A ellos también un buen remedio homeopático los puede ayudar a fortalecer la confianza en sí mismos para luego convertirse en una autoridad respetable en su propio hogar.

Así que cada vez que un niño diga “agua” muéstrenle que el agua no viene sola, sino que alguien la debe traer y es a esa persona a la que el niño debería hacerle su pedido. Las palabras mágicas “¿me das?” y “por favor” necesitan ser enseñadas en toda educación inicial.

¡Hasta la próxima!

Dra. Liliana Szabó

Médica Pediatra y Homeópata
A.M.H.A