www.elhomeopatico.com.ar
Fecha
Mayo / Junio 2018 - Nro 88 -Año XVIII
Portadas Anteriores
Buscar

 

Cuando Se Pierde El Timón

Cuando se pierde el timón, una nave cualquiera, por más tecnología que lleve, por más “última generación” que sea… pierde el rumbo. Y si se pierde el rumbo casi inmediatamente sobreviene la deriva.

Deriva, derivación, causa y consecuencia puestas en cadena. En cadena de repetición de sucesos, de acontecimientos, de cosas que nos pasan por encima, que no nos dejan mover. El mundo que nos rodea, los hechos, las circunstancias, se ponen duras y hostiles, y lejos de poder dominar todo, todo nos domina. Sea que estemos en tormenta, en tenue llovizna o en fragoso huracán. Estamos en crisis, en conflicto, en situación disruptiva, en un momento en el que, sea por miedo, por pánico, por angustia, por enojo o por zozobra inmanejable, soltamos el timón de nuestra vida. Y alguien o algo se hace cargo de nuestro propio desorden. Porque en este mundo nada puede dejarse “en vacío”. El “vacío” no existe, sea física o metafísicamente hablando.

Así una crisis anímico emocional en principio es un alto en el ciclo ecuánime de nuestra salud. Una crisis anímico emocional, un conjunto de pensamientos, de esos que no cesan en nuestra cabeza, de esos que no nos dejan dormir en paz, pueden ser una amenaza en nuestra línea de tiempo.

“Cada quien es cada cual ” dice alguien que canta y es muy conocido. Pero precisamente como cada quien es cada cual, las reacciones que cada uno de nosotros tenemos pueden variar, y variar mucho. Hay quienes tienen una especie de “cintura” para capear temporales y con gran habilidad no se dejan llevar por sus propias circunstancias y retoman su rumbo fácilmente, más allá de la intensidad que los abrume. Los hay otros que intentarán ignorar su propia zozobra, y al hacerlo, cursarán una invitación a su propio tiempo, y a su propia naturaleza, para que se le envíen señales disruptivas. Para que se le enciendan luces de alarma en tableros por él desconocidos, y así, de alguna manera, alguien o algo instale puntos crecientes de desequilibrio que en algún momento se podrán traducir en síntomas y, quizás un poco más adelante, en enfermedades banales o graves, según su propia fragilidad y según lo intenso del factor enfermante que lo rodea cual alocado planeta girando en torno de un frio sol que lo lleva a alguna forma de sufrimiento.

Hace algunos años, cuando estudiaba medicina, una vez un profesor nos dijo “no se enferma el que quiere, si no el que puede”. Y es así que para poder enfermarse deben darse una serie de circunstancias tales como falta de conciencia, de adormecimiento, de creer que todos pertenecemos a un determinado grupo al que no le va a pasar nada, de escuchar decir por la tv a médicos famosos que el estrés es sano, y así sumergirnos aún más en una especie de “dale que va” creyendo que es normal estar nerviosos, estar tristes, convivir con el miedo, el pánico, la bronca, o cualquier forma de desdicha… Todo lo contrario; todos estos factores desayudan y pre condicionan situaciones potencialmente coadyuvantes de más y más desequilibrio interno. Enfermante desequilibrar, eslabón de una cadena que no sabemos cómo ni hasta donde sea capaz de llevar nuestro ser sin rumbo en la deriva de los tiempos.

Creer que con conocer el centro mental del placer, del displacer; decir que el amor es una consecuencia de descargas neuronales que surgen de un punto determinado del cerebro, y atribuirle así tanto papel al pensamiento… equivale a caminar con los ojos vendados e intentar cruzar una gran avenida creyendo que nada nos va a impactar, que nada va a suceder, porque le estamos haciendo caso omiso a nuestras propias señales, y estamos en la línea de opiniones formadas, de “formadores de opinión” y creyendo así descreamos rumbo y vamos a merced de los vientos de nuestra propia circunstancia.

Hice mi camino, surgiendo de la medicina convencional. Como médico clínico, cardiólogo, internista en unidades de Terapia Intensiva, me ha tocado asistir, ver y actuar, en muchas líneas de complicado espacio tiempo.

Pero fue solo recién a partir de comenzar a practicar una medicina conocida con el nombre de homeopática unicista, fue solo a partir de ése momento en que tomé conciencia de un punto más profundo de posible ayuda a ofrecer a quienes la pidan. Homeopatía y medicina antroposófica, son una gran herramienta de conciencia puestas al alcance de quien quiera acercarse y ver adónde quedó su timón, ese timón que su vida les dijo que estaba perdido, pero que factiblemente puede recuperarse aún en el medio de la peor tormenta anímica, emocional o física.

Dr. Sergio Pereira Vitale
Médico clínico cardiólogo
Médico homeópata unicista
Medicina antroposófica

Reserva de turnos al 4545 8734
drsergiopvitale@gmail.com
www.unicista.com