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Fecha
Septiembre / Octubre 2017 - Nro 85 -Año XVII
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La Continuidad Interrumpida

Voy hacia la biblioteca y recojo un cúmulo de papeles que tengo que ordenar, clasificar y archivar. Busco las carpetas donde ubicaré a cada uno, prolijamente. Al desplegar todo el material sobre una mesa, mi mirada percibe un libro que dejé hace unos días sobre un banquito en mi escritorio. Abandono la tarea inicial. Hojeo el libro y recuerdo que tengo que escribir un artículo. Así, en el aire, leo el índice y elijo un capítulo que comienzo a leer arrimada a la estufa, con frío. Estoy en la cocina. Consulto la hora en mi reloj y considero que tengo que comenzar a preparar la comida. Volteo el libro y lo dejo reposando, interrumpido. Saco las verduras, las lavo, las corto y las dejo entreverarse con las lentejas. Suena el teléfono. Pongo sal. Es un mensaje. Revuelvo. Hay un interesado en mi auto, que está en venta. Agrego pimentón, pimienta y cúrcuma. Combino una especia de horario conveniente, para que venga a verlo. La pimienta y la cúrcuma no son de acá, las traje de mi último viaje. Les paso la dirección.

¿Cuánto tiempo pasó?…

Del último viaje, más de dos meses. Del llamado, casi dos minutos. Del comienzo de la preparación de la comida, 10 minutos. De haber encontrado el libro, 20 minutos, aproximadamente. De tener la intención de ordenar, clasificar y archivar… menos de media hora.” G.G.

Vivimos en una época de múltiples acciones que se asocian a nuevas acciones, sumergidos en una especie de buscador de internet que comienza dándonos respuestas a un tema, para interrumpirlo y continuar con otro; interrumpir este otro y continuar con un tercero y más, y más y más.

La palabra proceso encierra en su etimología el ir hacia delante, avanzar, caminar hacia un fin determinado. Su definición lo describe como la sucesión de actos realizados con cierto orden, que se dirigen a un punto, y también al conjunto de fenómenos activos y organizados en el tiempo. Los procesos de esta era tienen su nueva cualidad: inician, interrumpen, abren otra ventana, saltan hacia un nuevo espacio que desvió la atención y terminan, si lo hacen, habiéndose derivado del destino propulsor. Se enlazan alocadamente, ansiosos, valorando la carrera de acumulación de datos e imágenes. Tragar, por sobre saborear. Destino, por sobre camino. Así los vínculos. Cuántos “like” virtuales es más trascendental que las palabras de un amigo real.

Una fuerte devaluación de los procesos como habitualmente los conocemos se ha ido cimentando a partir de la falta de tiempo, de la obsesión por la optimización del mismo. Sin embargo, en las distintas disciplinas un proceso sigue siendo un conjunto de situaciones que se encadenan organizadas a lo largo de un tiempo, para concluir en algo con sentido. El sentido que dan los procesos naturales como la digestión, la reproducción, la fotosíntesis. El sentido de los procesos industriales o artesanales que transforman la materia prima inicial en un nuevo objeto.

¿Qué cualidades podemos desarrollar para sostener este vendaval de aceleración permanente que parecería, no podemos parar? El arraigo en el presente es un buen ejercicio para esta vorágine que nos propone este modelo de vida actual. Detenerse. Enraizar. Hacer una cosa por vez. Respirar. Escuchar. Mirar a los ojos. Usar todos nuestros sentidos para percibir lo que nos rodea. Meditar. Valorar la paciencia. Diferenciar las velocidades con las que obtenemos información a través de un libro o de internet. Cultivar un momento de lectura en familia. Jugar.

El proceso de un emprendimiento, de un suceso, de una vida es una continuidad en el presente. La naturaleza nos lo muestra con su sabiduría. Ella sigue siendo la mejor maestra de las vivencias espirituales de un ser humano. Quizás sea por eso que la descuidamos. Quizás nos estamos debiendo mirarla con veneración para seguir aprendiendo que la naturaleza no conoce el “ya”, que no adelanta, que transcurre en el tiempo que necesita para dar lo mejor de sí.

Y esta deuda la tenemos con nuestros niños, cuando los apuramos a crecer, cuando les pedimos que coman verduras y al mismo tiempo, les permitimos que se nutran permitiéndoles el acceso temprano a las redes sociales; cuando les enseñamos que no hay que hacer trampa y hablamos por teléfono mientras manejamos.

La reflexión que quiero transmitir hoy es la importancia que tiene para los más pequeños, respetarles el vivir en el presente, enseñarles el valor de la continuidad de los pasos que conlleva llegar a las metas, que para cruzar el río es indispensable haber llegado, primero, a una de sus orillas.

Graciela Galilea
Psicóloga

Espacio Perspectivas