Dr. Sergio Rozenholc

Periódico El Homeópatico

Dra. Liliana Szabó

Los Pacientes y sus Derechos

Dra. Liliana Szabó
Docente Libre de la A.M.H.A.


Se habla mucho y en todos los medios de “derechos humanos”. Hasta los políticos basan sus campañas en la promesa de defenderlos. Sin embargo, como toda palabra de la que se hace abuso, el derecho humano ha perdido fuerza en su significado y contenido.

            ¿Cuáles son los derechos humanos? Podríamos enumerar muchos, pero los que básicamente me surgen en primer lugar serían:

  • El derecho a la vida.
  • El derecho a una buena calidad de vida, desde el punto de vista de la salud física, psíquica y emocional.
  • El derecho a un nivel socio económico adecuado que le permita desarrollarse armónicamente según el enunciado anterior.
  • El derecho a elegir su lugar de residencia y desplazarse libremente por el mundo.
  • El derecho a que se respeten sus diferencias y no se lo discrimine por ellas.
  • El derecho a que se respete y conserve su medio ambiente.

 

De todos estos derechos el que más me interesa desarrollar hoy es un derecho que atañe específicamente al área de mi propio trabajo, o sea a los pacientes.

Me refiero al derecho a elegir. ¿Elegir qué? Elegir su forma única e individual de ocuparse de su salud. Elegir cómo y de qué se va a enfermar y qué método usará para curarse. O elegir tal vez no enfermar y tomar todas las medidas preventivas que considere necesarias. O elegir no tomar medidas preventivas que considere innecesarias.

Todos hacemos elecciones conscientes o inconscientes constantemente. Cada elección provoca determinado efecto sobre nuestra salud. Puede sonar extraño que hable del derecho a elegir de qué nos vamos a enfermar, pero ¡esto es lo que hacemos todo el tiempo! Un fumador ya sabe que con los años sus pulmones y las arterias de todo su organismo tendrán cierto deterioro. Una persona que come en exceso y tiene sobrepeso, también conoce las consecuencias de sus acciones. Tal vez las elecciones que hacemos menos conscientes respecto de nuestro estado de salud, sean las que derivan de estados emocionales. Alguien que se enoja con facilidad o que guarda rencor o que tiene miedo constante, va a determinar efectos precisos sobre su propia salud mental y física aunque no sea consciente de ello.

Lo que atañe al derecho individual de cada uno, a sus propias posibilidades de cambiar o no sus acciones corresponde al derecho privado y personal, al que considero inalienable. Como no para todos es tan fácil modificar actitudes o conductas muy arraigadas, también hay que respetar los tiempos de cada persona. No es posible obligar a nadie a curarse, ya que el impulso de sanación nace de lo más profundo del ser. Solo podemos ser testigos y sugerir caminos y el paciente tiene derecho a seguir la sugerencia o  no.

Así como los pacientes tienen derecho a enfermar sin que nadie los obligue a curarse, también tiene derecho a morir si así lo deciden. La reciente ley de eutanasia afortunadamente muestra un avance en el pensamiento humano actual.

 Cada cual es el único dueño y responsable de su propia vida.

En el otro extremo se encuentra el derecho del paciente a no enfermar y su derecho a elegir de qué forma y a través de qué elecciones lo va a hacer. Estas elecciones conscientes abarcarán por supuesto a sus propios hijos quienes tienen derecho también a que no se los invada ni agreda innecesariamente.

Hemos avanzado mucho en el derecho a enfermar pero no tanto en el derecho a la salud y sobre todo me refiero a la libertad de elegir el sistema de salud que consideremos más adecuado para nosotros.

      En casi todo el mundo salvo honrosas excepciones, domina la medicina Galénica, cuyo principio es “curar por lo contrario” (por ejemplo a un dolor oponerle un analgésico, a una constipación oponerle un laxante, etc.). Sin embargo hay pruebas obvias de que con este sistema de salud la población mundial en general y la nuestra en particular, no goza en absoluto de lo que podríamos llamar “buena salud”. Cada vez hay mayor demanda de medicamentos, de camas de internación. Cada vez hay más personas que a edades jóvenes ya tienen su mesa de luz llena de frasquitos con medicamentos, cuando lo natural y saludable es no tomar ningún medicamento a ninguna edad.

      ¿Por qué entonces existe tanta oposición a dejarle un espacio a otros tipos de enfoque terapéutico? Existen ya en la práctica cientos de enfoques terapéuticos que difieren con la medicina galénica. Entre ellos el enfoque homeopático que se basa en el principio de la similitud y en el curar por lo similar, estimulando así la sabia tendencia natural del organismo a la curación.

      Si bien hay millones de pacientes en todo el mundo que han decidido optar por enfoques diferentes a las medicinas oficiales, las entidades de Salud Pública no parecen darse por enteradas y siguen obligando a las personas a vacunarse y a hacerse chequeos de salud desde los parámetros convencionales. Lo peor de todo, es que no se les informa de los riesgos que implican recibir ciertas vacunas o tomar ciertos remedios o someterse a ciertos estudios invasivos que no siempre son necesarios para su curación.

      Considero que desde este punto de vista se están violando los derechos del paciente: se lo juzga por elegir dentro de una minoría (que ya no es tan pequeña porque es una minoría que permanece callada y no se ve pero va creciendo cada día más). Sin embargo, en un sistema democrático como el que supuestamente rige nuestro país, las minorías también tienen voz y voto, también deben ser escuchadas y no se las debe obligar a obedecer los mandatos de la mayoría.

      Es mi deseo que a partir de este 2012 que nos trae tantos cambios a nivel energético planetario (cambios que van mucho más allá de nuestras posibilidades de control), se abran las mentes humanas para dar cabida a todos los derechos y para que un paciente pueda elegir libremente cómo, con quién y con qué metodología desea conservar su salud. Toda esta libertad sin que nadie lo juzgue ni lo recrimine por sus elecciones conscientes.

¡Hasta la próxima!