Dr. Sergio Rozenholc

Periódico El Homeópatico

Dra. Norma E. Pereyra

¿Anestesia peridural de rutina en el parto?

Dra. Norma E. Pereyra
Ginecología – Especialista en Obstetricia
Médica Homeópata
Ayudante de Cátedra de AMHA
4703-2467 / 15-5756-6688
nepereyra@intramed.net.ar
www.verdaderahomeopatia.blogspot.com.ar


¿SE DEBE ATENUAR EL DOLOR O SE DEBE VIVIR UN PARTO
CON TODA LA SENSIBILIDAD?

Un hijo es traído al mundo con placer cuando fue engendrado con amor, y cuando su nacimiento es vivido con alegría, más allá del dolor y de algunas dificultades. El parto se transforma entonces en algo placentero. 

Y lo más importante para que esto suceda es devolver el protagonismo del parto a la mujer (quitado en los últimos años por el médico que se cree «dueño» del mismo, con derechos a intervenir «para quitarle el dolor»).  Permitir que el parto se desencadene y transcurra en forma natural y placentera es la obligación del control permanente del equipo profesional que eligió la paciente. No olvidemos que unas palabras amables, de estímulo, unos masajes, emisiones de las vibraciones de la voz mediante algunas canciones, cambios de posturas de la embarazada, hasta un baño relajante, muchas veces son suficientes para hacer este momento placentero, llevadero y feliz. También la figura del papá (u otro familiar) en la sala de partos es de gran contención. Otras veces la ciencia debe acudir en ayuda de la naturaleza en el momento justo, antes que mamá y bebé lleguen al agotamiento. El bebé será recibido en un ambiente con luz tenue, sonidos amortiguados, temperatura tibia, compañía afectuosa. Esto es importantísimo para que el primer contacto bebé-mamá sea lo más precoz posible. 

Hay otra realidad, y son los miedos de la embarazada. El parto concentra la mayoría de los temores, sobre todo al dolor. La sentencia bíblica «parirás con dolor» y la sentencia escuchada «parirás con placer» colocan a la mujer en una situación dual de exigencias. A veces el dolor es más fuerte que el palcer. Lo fundamental que debemos hacer es dejar que la parturienta viva su parto con las sensaciones que quiera tener. Hay mujeres, las menos, que no sienten dolor durante el trabajo de parto. La mayoría sí, sienten como una especie de revolución en el cuerpo, que es toda la energía que se pone en marcha para producir la dilatación del cuello del útero y la expulsión del bebé. Esta revolución que produce dolor, es vivida de diferente manera por cada mujer, de acuerdo al umbral que tenga para el dolor, sin olvidar las implicancias culturales y de su historia personal que pueden influir en el mismo.

No hay una fórmula exacta para una experiencia tan individual y profunda como el acto de parir; ninguna mujer es igual a otra en ese momento, y es obligación del médico respetar esa individualidad única e irrepetible.

En 1853 la reina Victoria de Inglaterra aceptó parir a su séptimo hijo con anestesia inhalatoria con Cloroformo. De ahí vino el nombre de «anestesia a la reina», que se usó mucho a mediados del siglo XX, hasta que se descubrió después que el Cloroformo era tóxico hepático y se dejó de usar. 

Existen 3 tipos de anestesias en el parto:

  1. La anestesia local, circunscripta a una zona y de efecto breve. Es la anestesia que se usa para realizar la episiotomía, por ejemplo.
  2. La anestesia regional o de conducción, que abarca zonas más amplias, sin pérdida de la conciencia, o sea que la paciente puede estar conectada, despierta. Produce una eliminación transitoria de la función de los nervios de una región del cuerpo. Incluye a la anestesia peridural, a la anestesia raquídea, al bloqueo de los nervios pudendos (que anestesia vagina y periné) y que no tiene ningún efecto sobre las contracciones, a la anestesia para-cervical y a la caudal (mucho menos usadas).
  3. La anestesia general o de inducción: la pérdida de la sensibilidad y el dolor van acompañadas con pérdida de la conciencia. Pueden ser inyectables o inhalatorias. Estas drogas anestésicas pasan al través de la placenta al bebé, con el consiguiente efecto depresor en el mismo. Tienen, en obstetricia, indicaciones médicas muy precisas en el caso de que haya que realizar una cesárea de suma urgencia.

La anestesia peridural, anestesia regional, se administra en un espacio intervertebral existente por fuera del tubo neural (médula espinal). Anestesia troncos nerviosos. Debe ser siempre administrada por un médico Anestesiólogo entrenado. En la operación cesárea se usa la peridural masiva (todo el anestésico se administra de una sola vez, y su duración es de aproximadamente de 2 horas).

En el trabajo de parto, cuando la dilatación del cuello se detiene en 4-5-6 cm a pesar de tener buenas contracciones, se usa la anestesia peridural continua o peridural de conducción. Se realiza mediante un catéter de polietileno (que es como una manguerita) que queda colocado en el espacio intervertebral, y cada tantos minutos se va inyectando el anestésico de acuerdo a necesidad. No llega a ser una anestesia, sino que es una analgesia de la cintura para abajo, lo que permite que la mamá esté consciente, perciba las contracciones, tenga sensación de pujo y colabore en el momento del parto.

La peridural tiene sus indicaciones precisas, y también tiene sus riesgos, como toda anestesia. Los riesgos o dificultades que puede ocasionar son: a) hipotensión en la mamá, con la consecuente disminución del pasaje de sangre a través de la placenta hacia el bebé, y si hay un sufrimiento fetal, el bebé se va a agravar; b) disminuye la contractilidad del útero, función primordial en este momento tan decisivo para finalizar el embarazo; c) en algunas ocasiones disminuye el reflejo del pujo, lo que puede alargar el período expulsivo, aumentando por consiguiente el sufrimiento fetal, y a veces se hace necesaria la utilización del fórceps.

NO SE DEBE RECURRIR  A LA ANESTESIA PERIDURAL POR SIMPLE RUTINA.
La necesidad de suministrarla dependerá del criterio médico y del requerimiento materno.

La pareja cuenta con los 9 meses del embarazo para reflexionar. Una mamá puede decidir conservar su sensibilidad inalterada, sin analgesia alguna. Pero nunca va a saber cómo responderá al dolor de las contracciones, entonces la decisión deberá ser flexible. Es obligación del médico Obstetra informar previamente a la parturienta los «pro» y los «contra» de la misma. Todo procedimiento médico tiene sus riesgos, por más simple que sea. Pero tomando los recaudos que cada profesional conoce, estos riesgos son mínimos.
Pretender que todos los partos sean atendidos con dicha anestesia es desconocer la sensibilidad de cada paciente, ser único e irrepetible.

Existen muchos otros recursos, aparte de la Homeopatía, para controlar las molestias de las contracciones: técnicas de trabajo corporal con concientización, control mental, yoga, etc.

Cada ser humano tiene su propia sensibilidad al dolor. Dejemos que la paciente determine si realmente quiere la anestesia cuando realmente no tolere más las contracciones; no nos transformemos los médicos en «los dueños del parto».

Desde mi experiencia de haber atendido mujeres que están armonizadas energéticamente, es decir que mantienen su energía vital en óptimas condiciones gracias al TRATAMIENO HOMEOPÁTICO UNICISTA, junto con una buena preparación psico-corporal, los resultados exitosos de partos espontáneos son maravillosos.

Durante el trabajo de parto se utilizan remedios homeopáticos del caso agudo. La parturienta conserva su sensorio inalterado, y también es dueña de su cuerpo: puede sentarse, caminar, balancearse, estar en cuclillas, recibir masajes, escuchar música, cantar (expulsar a través de la voz vibraciones energéticas para aliviar las contracciones), hasta realizar un baño de inmersión, etc.

Con este tratamiento homeopático tan suave, tranquilo, no invasivo, no perjudicial ni para la madre ni para el feto, es notable comprobar la baja incidencia de operaciones cesáreas y de peridurales no necesarias para “sacar el dolor”, obteniendo mejores resultados de salud y bienestar para la madre y para el bebé.