Dr. Sergio Rozenholc

Periódico El Homeópatico

Trasplante de órganos

Memoria de un órgano

Hace algunos años recibí en consulta a un paciente masculino, de unos 50 años, casado, de profesión arquitecto que acudió por la inflamación de su glándula parótida derecha. Como antecedentes presentaba: una intervención quirúrgica por un Hepatocarcinoma 20 años antes y, tras sufrir una Cirrosis Hepática, un trasplante de hígado de un donante fallecido 7 años atrás.

El paciente fue tratado con toda la batería de medicamentos por su trasplante, como inmunosupresores y corticoides. Recurrió a un médico homeópata ya que el equipo médico a cargo no podía resolver el tema de la inflamación de su parótida, y lo preocupaba el largo tiempo sin resolverse.

Manifestó tener, desde siempre, un carácter dócil, reservado, posesivo y necesidad de estar con gente que lo apreciara. Cuando consulté sobre sus deseos alimenticios me comentó que algunas cosas habían cambiado mucho luego del trasplante, por ejemplo no le gustaban las cosas dulces pero luego esto se convirtió en un deseo diario. Otra de los cambios fue la falta de confianza en sí mismo; luego del trasplante esto desapareció y se transformó, si se quiere, en un tipo mandón. Del mismo modo pasó a ser un hombre coqueto, cuando antes no lo era, y comenzó a prestar especial atención a los detalles de su cuerpo.

Le pregunté cómo podía ampliar esta historia y me dijo que tuvo la oportunidad de conocer a la familia del hombre que ofició como donante, fallecido a los 20 años en un accidente automovilístico. “Cuando me reuní con la familia del donante supe que el joven fallecido era muy seguro de sí mismo y que tenía un fuerte deseo de comer dulces desde su infancia”

Pensé entonces que los efectos de los órganos trasplantados eran fascinantes, ya que parecía que la información contenida en el campo energético que rodeaba al órgano trasplantado había alterado la expresión de la energía del receptor en el momento que el trasplante tuvo lugar. Fue como si la información del órgano se hubiese mezclado con el campo preexistente del paciente trasplantado. El receptor captó la información que había quedado grabada electromagnéticamente y ésta influyó en su mente y cuerpo; la energía portadora de una información específica repercutió en la materia.

La medicina va cambiando con todos los nuevos aportes y nuestro quehacer homeopático no es ajeno a todas estas novedades.

Una de las primeras preguntas que me hice es ¿a quién estoy medicando en esta nueva contingencia clínica? El medicamento que indiqué fue Muscus Terrestris 30 una dosis, que para el asombro tanto del paciente como mío produjo una mejoría a partir del tercer día, y a los 17 días de haber ingerido el remedio el cambio era total. Volvió a consultar a los dos meses de su primera visita con un cambio notorio en su actitud: más dócil, con un despertar espiritual y su deseo de dulces prácticamente era nulo. Relató el emprendimiento de nuevas actividades que le daban mucho placer, con el que no había podido conectar desde su más tierna infancia. Asimismo la relación con su mujer y sus hijos había mejorado mucho; por lo que le indique Muscus Terrestres 200 monodosis. Seis meses más tarde regresó a la consulta; muy bien, ya sin rastro alguno de su parotiditis y con un cambio muy significativo de su actitud ante la vida.

Esta pequeña historia me pareció interesante en los tiempos en que los trasplantes son moneda corriente y permiten la interacción de las dos medicinas, alopática y homeopática, sin ningún tipo de contraindicación entre ambas.

 

Hasta la próxima.

Dr. Sergio Rozenholc