Dr. Sergio Rozenholc

Periódico El Homeópatico

Adicciones

¿Cómo se constituye la disposición a la adicción?

El vacío en el sistema educativo y el vacío en las adicciones

La sociedad capitalista, productora de adictos, emplea de manera perversa la educación para formar soldados, defensores del consumo y productores de modelos de consumo. De esta forma, se les exige a los niños/as que aprendan la mayor cantidad de conocimientos en el menor tiempo posible. Así se anula al que piensa diferente promoviéndose la existencia de un modelo único al que someterse y sobreadaptarse, anulando la capacidad creativa y los afectos. Esto es fundamental, ya que el sistema educativo es cómplice de la producción de adictos. La perversión consiste en premiar al que repita y reproduzca lo que se exige y castigar al que piense diferente. El modelo de consumo en la educación de la escuela llamada por Carlgren “escuela industrializada” restringe la capacidad crítica de los sujetos, al servicio del sistema consumista hegemónico. De este sistema tampoco se libran bastantes maestros, ya que, cuando ellos mismos no creen en lo que hacen consumiendo horas de clase y enseñando desmotivados, también se convierten en autómatas que trabajan para la producción de alumnos consumidores de conocimiento. El resultado es el predominio de niños repetidores de conocimientos frente a niños emocionalmente inteligentes.

El vacío y las adicciones en la sociedad de consumo

La sociedad es cómplice de ese silencio promoviendo un individualismo extremo así como el aislamiento del sujeto, en lugar de fomentar el intercambio y la comunicación. Los sistemas de redes sociales y de contactos virtuales por internet también refuerzan el individualismo y la desafectivización del sujeto. El abuso de la tecnología nos hace esclavos de un ordenador: con éste hacemos la compra en el supermercado, elegimos la ropa o incluso conocemos a otras personas. El sexo rápido y desechable, de acceso “fácil y cómodo”, convierte al sujeto en objeto intercambiable, cosificado. En consecuencia, se restringe progresivamente la libertad del sujeto digitalizando un pensamiento que es en realidad analógico, lo cual limita el desarrollo de sus potencialidades.

Vivimos en una sociedad adicta y generadora de adictos. Es fundamental identificarla como tal, pues ello explica que el “ser adicto” se convierta en la norma frente al “ser libre”, que constituye la diferencia.

La narcotización del amor y las relaciones maqueta

La circunstancia adictiva suele conducir al sujeto a la elección de personas que consumen, o a entablar relaciones fundadas en el poder en las que un integrante es sometido y el otro, sometedor. Este tipo de elección (más cercana a la opción) tiene que ver con el tipo de relación de esclavitud que el sujeto mantiene con la droga: se siente amo al consumirla y esclavo al carecer de ella.

El dependiente busca inconscientemente situaciones que reproduzcan el hechizo y la dependencia. Estando incluso en tratamiento, buscan personas (parejas, amigos) y objetos (casas, trabajos) que reproduzcan la situación de abuso originaria. La narcotización del amor no sólo tiene que ver con relaciones que producen el mismo efecto que la sustancia, sino también con situaciones en las que se reproduce un tipo de vínculo que gira en torno al poder y que se basa en el esquema amo-esclavo: uno abusa y otro es abusado.

El duelo en las adicciones

La renuncia a un tipo de relación adictiva también conlleva un trabajo de duelo por la pérdida de ese tipo de relación de dependencia que el sujeto ha mantenido inalterable durante toda su vida. La diferencia está en que ahora sí es el sujeto el que puede elegir y salir de la posición cosificada y esclavizante.

La melancolía narcotizada en las adicciones

El sacrificio tiene que ver con la depresión y la melancolía, ya que está cercano a la desaparición del sujeto en su totalidad y a la pérdida absoluta de su identidad. En las adicciones se reproduce con facilidad un fenómeno que denomino “melancolía narcotizada”. En este sentido, la melancolía narcotizada implica la instauración de una pérdida total del sujeto, ya que todo el afecto y la energía están colocados en el objeto-droga. El sujeto se abandona a sí mismo, empobreciendo de este modo su vida en un bucle repetitivo de consumo.

Vivimos en una sociedad que contiene todos los ingredientes para el desarrollo de una disposición adictiva:

  • Padres sometidos a un ritmo de exigencias laborales y muchas veces adictos a las nuevas tecnologías, que no brindan una presencia afectiva necesaria con los hijos.
  • La educación en los colegios que también con bastante frecuencia solo pugnan por cumplir objetivos para la perpetuidad de un control y vigilancia social en lugar de considerar los ritmos psico-biológicos propios de cada edad evolutiva.
  • La sociedad de consumo que impone un falso disfrute y una manera artificial de ser feliz que se torna un dogma y una exigencia exógena y no algo autentico que respete la singularidad de cada persona,
  • Las maneras de establecer vínculos priorizando el placer inmediato al afecto.

La liberad no es algo que se desarrolle de manera natural en la sociedad actual siendo algo a construir con esfuerzo y empeño. Esto requiere una posición critica y una actitud de permanente actividad interior para no incurrir de manera automática en los parámetros patológicos y tóxicos que la sociedad impone.

Andrés M. Joison

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Psicólogo clínico, formador y escritor.

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